Ese día, mi vida y la de mis padres cambió para siempre.
Mi nombre es Renata, tengo 40 años… y durante mi infancia fui “la niña difícil”.
Llena de energía, impulsiva, emocional, inquieta…
En casa y en la escuela, nadie sabía qué hacer conmigo.
Los profesores decían:
– “Habla todo el tiempo”
– “No escucha”
– “Es demasiado reactiva”
– “¿Está siendo acompañada por algún profesional?”
Mis padres eran llamados constantemente.
Intentaban todo… reglas, castigos, recompensas… pero nada funcionaba de forma duradera.
Y con el tiempo… el cansancio y la culpa empezaron a pesar.
Yo también sufría.
Sabía que no era una mala niña… pero no podía controlar lo que sentía.